
Manuel Yánez
Paseando una vez por el malecón
extasiado me quedé, al ver una flor perfumando el río,
era angelical como el azahar,
y corría y corría,
buscando el horizonte se perdía.
La quise tocar, la quise abrazar, quise amarla como a tí,
ni que fuera un mago para contener la fuerza del río,
y se fue ocultando, y se fue marchando,
luego desapareció.
Pasaron los años y el arcano tiempo la alejó de mí.
Por eso en mis sueños, cuando la recuerdo
triste voy al malecón
para ver si el río cambia la corriente y vuelvo a ver mi flor.
Desliza

AGOSTO
Viajera del río
Manuel Yánez
La cadencia y poesía de este nostálgico vals nació de una inspiración repentina que vivió el compositor Manuel Yánez en el malecón de Ciudad Bolívar, frente al imponente paisaje del inmenso Orinoco. El torrente color café, coronado de espumas y racimos de boras —esas flores acuáticas color lila que viajan a la deriva— valió como imagen perfecta de ese gran amor que “buscando el horizonte se perdía”
Yánez confesó que en apenas diez minutos compuso esta canción tan sentida, haciendo una comparación entre el paso implacable del tiempo y la imposibilidad de cambiar la corriente del río, con su inmenso dolor por la partida de la mujer amada. Aquella flor hermosa y solitaria que se dejó llevar por el destino sin volver atrás, mientras él la miraba resignado, viajando hacia el delta del río Orinoco. De allí brota el conmovedor verso “Ni que fuera un mago para contener la fuerza del río”.
Curiosamente, el genio compositivo de Yánez, quien llegó a escribir hasta trescientas cincuenta piezas de diversos géneros musicales, floreció tardíamente tras superar severos episodios de salud que dieron luz a su sensibilidad y talento natural de músico y poeta.
Originalmente, esta pieza fue titulada Flor viajera y, aparte del nombre, también experimentó sutiles variaciones de letras y melodías consentidas por el autor. Esta emotiva canción encontró su destino definitivo el 27 de agosto de 1996. En la celebración de las bodas de plata de Serenata Guayanesa, con el Teatro Teresa Carreño a capacidad plena, la voz telúrica de Francisco Pacheco la estrenó para la eternidad.
Viajera del río, desde ese entonces, fue adoptada como himno sentimental de Guayana y ha sido grabada e interpretada por innumerables artistas, orquestas y agrupaciones corales. A tres décadas de su estreno histórico, esta joya musical regresa a nuestras páginas en una versión inédita interpretada por el mismo Francisco Pacheco, junto a Alicia Sergent.
Con la poderosa imagen de esa flor «angelical como el azahar» que corre buscando el horizonte, Viajera del río hace surgir en nosotros profundas reflexiones a partir de los hermosos recuerdos que han viajado muy lejos, pero permanecen indisolublemente ligados con arraigo a la cabecera de nuestro río padre.
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