
Música: Pablo Camacaro | Letra: Henry Martínez
Al comienzo del día, temprano sale la Negra Atilia
con su canasto tejido donde lleva lo de vender
No son las cinco aún, todavía no hay cielo azul
que anuncie la mañana
rumbo al mercado de Porlamar, la negrita va (BIS)
Franela china de algodón y blumas de nylon
El alcoholado español, los naipes y el mentol
La blusa fina, el jabón y crema de tocador
Cuando el sol no ha apareci’o,
la Negra Atilia, ha vendi′o to'
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SEPTIEMBRE
La Negra Atilia
Música: Pablo Camacaro, Letra: Henry Martínez
La Negra Atilia es, sin duda, una excelente muestra del arte de la canción popular venezolana. Esta melodía nace en 1978 como un merengue instrumental de estructura y armonías singulares. Compuesta por Pablo Camacaro —maestro de la elegancia y la exigencia técnica— adquiere rostro definitivo cuando el compositor y poeta Henry Martínez le imprime personalidad de mujer a través de la palabra.
Cuenta el músico Orlando Moret que a los pocos días de tocar la pieza junto a Henry Martínez en Margarita nació la letra de esta crónica social inspirada en una vendedora del Mercado de Porlamar. Martínez recrea un retrato costumbrista donde "la negra" —vocativo venezolano de puro afecto y dignidad— se alza como reina de su entorno, transformando el pregonar sobre el asfalto en un acontecimiento estético. “Canto a la mujer invisible que sostiene el día”, según la escritora Norma Ansart.
Atilia, canasto en brazo, personifica además la época de transición entre la isla de playas, pescadores, perlas y milagros hacia la economía del Puerto Libre, vendiendo mercancía foránea al paso rítmico de una mujer dueña de su destino.
La trascendencia en el tiempo es el auténtico veredicto de una obra de arte. Considerada una pieza de vanguardia y maestría por relevantes figuras de la música, la canción ha sido interpretada por destacados solistas y agrupaciones corales del país. Y, por si fuera poco, su historia experimentó un nuevo e impactante renacer décadas después.
De Porlamar a Berklee
La negra Atilia viaja a Boston para revivir en la voz de una aspirante. Hacia 2010, la joven margariteña Nella Rojas buscaba ingresar al prestigioso Berklee College of Music. Siguiendo un audaz consejo de su mentor Aquiles Báez, Nella desafió sus propios temores y se plantó ante un jurado estadounidense armada únicamente con su voz a capella y percusión con palmas. El impacto fue inmediato: la rítmica del merengue rompió los esquemas académicos hechizando a los evaluadores. Esa audición no solo le abrió las puertas de la institución, sino que pavimentó el camino para su viral versión de 2017 y su posterior Latin Grammy, demostrando que la música de raíz no necesita traducción para conmover al mundo.
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